¿Yahvé o Jehová?

La costumbre que tenemos hoy día de dar nombres a los hijos, porque a los padres les gustan, no es una tradición extraña en la Biblia.

De hecho, algunos nombres aún a pesar de tener un significado extraño, son asignados porque gustan a los padres como suenan: Ej. Débora = “Abeja”, Ester = “Mirto” y Ahicam = “Mi hermano se ha levantado”.

En otros casos, la persona le ponía el nombre a los hijos porque quería simbolizar algo; Isaías le llamó a un hijo suyo “veloz es el botín, rápida es la presa”, queriendo representar la caída de Israel ante Asiria (Is 8,1-4).

Sin embargo, encontramos otros nombres en la Biblia que parecen coincidencias, ya que luego el carácter de la persona coincide con lo que su nombre representa.

En el caso de Isaías, su nombre significa “Yahvé Salva”; el nombre perfecto para un profeta que anunció la venida del Mesías.

También nos encontramos con otras situaciones en la Biblia en las que Dios “cambia” el nombre de una persona, queriendo indicar que la vida vieja ha finalizado y comienza una nueva: Abrán (padre enaltecido) a Abraham (padre de multitud), Jacob a Israel, Simón a Pedro y Saulo a Pablo.

El asunto de los nombres de Dios era muy importante para los judíos.

En el propio evangelio, Jesús nos dice “todo lo que pidan al Padre en mi nombre se los dará” (Jn 16,23). “Por tanto vayan y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19)

Incluso, los discípulos y otros seguidores (70 en total), echaban demonios en el nombre de Jesús: “Señor aún los demonios se nos sujetan en tu nombre” (Lc 10,17).

El nombre de Dios debe estar cargado de simbolismo, y eso es lo que vamos a descifrar ahora.

Después de las manifestaciones de Dios a Noé y su descendencia, se podría decir que la religión de Israel comenzó a tomar forma en el año 2,100 a.C. con Abraham.

El Dios de Israel hizo un pacto con Abraham y a partir de ese momento su descendencia se refería a él como “el Dios de los padres” o “Dios de Abraham, Isaac y Jacob” (Gn 31,29. 42. 53. 46,1).

Este “Dios de los padres” no estaba ligado a ningún santuario sino que se manifestaba al líder de la familia y le ofrecía orientación, protección, descendencia y posesión de la tierra (Gn 12:7, 28:15, 20)



La primera referencia que tenemos acerca del nombre de Dios es la que él mismo nos da: “Yo soy el que soy” (Ex 3,13-14).

Moisés se atrevió a preguntarle a Dios cómo se llamaba; No se conformó con denominarlo como “Dios de nuestros padres” o designarlo por sus hechos poderosos; quería saber su nombre, ya que el pueblo se lo preguntaría.

Dios respondió a Moisés “Yo Soy el que Soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: «Yo Soy» me envió a ustedes” En el sentido de las palabras de Jesús en Ap 22,13 “Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin”.

Ese es por lo tanto el nombre de Dios “Yo Soy”. La voz hebrea original es “Ehyeh asher ehyeh[1]” y su traducción literal es “Yo seré el que seré”, lo cual pone de manifiesto a un ser divino que tiene existencia sin fin; eterna; El que soy hoy y seré mañana. También soy el que fui.

Por lo tanto, la voz hebrea para designar a Dios es “Ehyeh”=Yo Soy. Este nombre proviene seguramente de la forma arcaica de este verbo “hawah[2]”.

La realidad es que desconocemos cómo estaba escrito este nombre en el idioma en el que se escribió el Pentateuco en el s. XVI a.C. (probablemente Jeroglífico o Acadio, ya que las primeras formas de escritura paleo-hebrea no aparecieron hasta el siglo XI a.C.), y lo único que nos ha llegado es la escritura hebrea consonántica de letra cuadrada del s.V a.C.: «היה» (H-1961) [3] que traducido a caracteres de nuestro alfabeto es YHWH. Estas cuatro consonantes YHWH, conocidas como el “tetragrámaton” se pronunciaban de manera que sonaban parecido a “Yahweh” [4], que es la expresión empleada en la mayoría de las Biblias católicas. Sin embargo los judíos tenían temor supersticioso de emplear este nombre ya que entendían Levítico 24,16 como sigue “El que pronunciare el nombre de Dios (YHWH) ha de morir irremisiblemente” Esto era así ya en el siglo IV a.C., y este nombre lo pronunciaba solamente el sumo sacerdote el día de la expiación en el lugar Santísimo. Tal era su respeto hacia este nombre, que tras escribirlo en el proceso de copia se detenían para limpiar la pluma. En la lectura pública en la Sinagoga pronunciaban otra palabra en sustitución del nombre sagrado, que podía ser ADONAY (Señor) o ELOHIM (Dios). Para no equivocarse y evitar pronunciar el nombre de Dios en vano, se escribía esta expresión sustituta ADONAY o ELOHIM al margen del rollo a la altura de donde figuraba el tetragrámaton para recordarle al lector qué leer. No obstante, a pesar de estas precauciones, en ocasiones el lector se despistaba y pronunciaba el nombre sagrado YHWH, por lo que con el tiempo idearon una fórmula más compleja que consistía en incluir las vocales de Adonay entre las consonantes de YHWH de la siguiente manera: aDoNaY + YHWH = YaHoWaH, en castellano Jehova. La expresión así formada, Jehová, comenzó a popularizarse en la edad media [5], y figuró en el Antiguo Testamento que constituye la Biblia Rabínica de Samuel ben Yaacob publicada por Bomberg en 1524, que sirvió de base para la Reina Valera de Biblia del Oso de 1569 de Casiodoro de Reina, siendo esta la razón por la que figura en nuestras Biblias. La Biblia judía por excelencia a día de hoy, Biblia Hebraica Stuttgartensia, incluye también esta palabra compuesta “Jehová” sustituyendo el tetragrámaton. Aunque Dios se definió a sí mismo como “Yo Soy” y existía un temor reverente hacia Su persona, el pueblo lo reconocía como el Dios que se preocupa de los hombres en situaciones concretas, que escucha las súplicas de su pueblo y le incita y ayuda a salir de las dificultades, por lo que la Escritura nos lo presenta con otros muchos nombres y adjetivos para describir sus atributos. Básicamente, los judíos se referían a Dios en el AT con tres términos o familias de términos: a.- El, Eloah, Elohim b.- Adonay (o Adonai) c.- Yahveh (o Jehová) El primer grupo, El/Eloah/Elohim, es el término general que significa Dios. Todos los pueblos semíticos del antiguo Oriente usaban El para identificar a la deidad. Este nombre aparece 200 veces en el AT, básicamente en Salmos e Isaías. Actualmente, los musulmanes todavía una variante de El para referirse a dios; “Alah”.

“Elohim”,להים (H430[6]) es la forma plural de “El”. Aparece 2,570 veces en el AT.

En este uso plural, muchos han querido ver una muestra de politeísmo antiguo. Sin embargo, siempre se usa acompañado de un verbo en singular por lo cual no puede estarse refiriendo a varios dioses sino a uno. Sin embargo, siempre se usa acompañado de un verbo en singular, por lo cual no puede estarse refiriendo a varios dioses, sino a uno. Otros quieren ver aquí una referencia a la Trinidad, pero lo más probable es que se use la forma plural para denotar intensidad de poder y énfasis.[7] El término “Eloah” tiene connotaciones poéticas. Los nombres compuestos de “El” más importantes son: a. El-Shadday: “Dios Todopoderoso” u Omnipotente. Usado especialmente en relación a los patriarcas y la promesa de una descendencia (Gn 28,3; 35,11. 48,3; Ex 6,3) b. El-Olam: “Dios de la Eternidad” (Gn 21,33) c. El-Roi: “Dios que me ve” (Gn 16,13). Este es el Dos que protege a Agar en el desierto. d. El-Bertth: “Dios del Pacto”. (Jueces 9,46), relacionado con el pacto que se hacía en el templo cananeo de Siquem de degollar un asno e. El-Elohe-Israel: “El Dios de Israel” (Gn 33,19-20) El segundo grupo es Adonai (aparece unas 300 veces en el AT. Es la voz que se solía pronunciar en lugar del tetragrámaton YHWH).


La versión Reina Valera lo traduce por “el Señor” y significa “aquel que gobierna sobre todo lo que está fuera de él”[8]; recalca su soberanía como rey. Se utiliza para referirse a los hombres en su relación con Dios, al que reconocen su autoridad y dominio. Esta expresión se traduce por Kyrios (Señor) en el Nuevo Testamento y también se aplica a Cristo, lo cual es muestra de la divinidad que le atribuía a quien escribía.

El último nombre es Yahvé (o Jehová), que aparece 6,828 veces en el AT hebreo[9].

Es el nombre personal e íntimo de Dios, por el cual su pueblo podía invocarle como Señor que había hecho un pacto con ellos. También figura en la Biblia Reina Valera para sustituir en ocasiones a Elohim y Adonai.

Yahvé es el más sagrado y característico de los nombres de Dios y lleva implícito el tetragrámaton revelado a Moisés. Este es el nombre empleado en el AT cuando se quiere hacer referencia a la acción salvadora de Dios. Su forma abreviada es “Jah” y forma parte de la raíz del nombre de Jesús “Yeh-Osuah” (Dios – Salva). Yahvé se usa también con adjetivos añadidos para enriquecer su significado original, como son los siguientes: a. Yahvé (o Jehová)- Jireh; “Yahvé proveerá”. Cuando Isaac le preguntó a Abraham donde estaba el cordero para el holocausto y este contestó que Dios daría uno (Gn 22,14) b. Yahvéh-Sebaot; “Yahvé de los Ejércitos” (celestiales, humanos, astros, etc) c. Yahvé-Rofka; “Yahvé es tu sanador” (Ex 15,26) d. Yahvé-Nisi; “Yahvé es mi bandera” (Ex 17,15) e. Yahvéh-Shalom; “El Señor envía paz” f. Yahvé Tsid’kenu; “Yahvé es nuestra justicia”. (Jer 23,6) Se refiere a la fidelidad de Dios con su pueblo en su pacto. g. Yahveh-Shammah (“Yavhé está aquí”). h. Yahveh-Elohim – Aparecen aquí combinados los dos nombres principales de Dios (Gn 2,4; 3,14). Quiere esto señalar que hay una relación peculiar de Dios con el hombre. i. Adonai-Yahvéh – Aparece en Gn 15,2 y sirve para dar un énfasis especial en el carácter bondadoso y especial que Dios tiene con sus hijos. En la actualidad, cuando el Canon está cerrado, los rabinos de Israel dan nombres adicionales a Dios basados en sus atributos. Algunos de los más característicos son[10]: a. “Ha-Kadosh Barukh Hu”; El Santo, Bendito sea su nombre (muy empleado). b. “Ribbono Shel OLAM”; Soberano del Universo (empleado como súplica o introducción a la plegaria). c. “Ha Ramaham”; El misericordioso (usado en la liturgia para dar gracias en las comidas). d. “Avinu She-Ba-Shamayín”; Nuestro padre del cielo. En la Septuaginta, AT griego usado por los Apóstoles para referencias al AT en sus escritos, se sustituye Jehová por designaciones abstractas o indirectas como “el Nombre”, “el Eterno”, “el Inmortal”, “el Todopoderoso” o “el Altísimo”. El NT toma las traducciones de estos nombres, que frecuentemente se usan para referirse a Jesús. Los más usados son Dios (Theos) y Señor (Kyrios). Lo más importante sin embargo es que no está todo dicho. El Señor tendrá un nombre nuevo en la eternidad. Dios se llamará de otra forma para maravillarnos a todos, marcando una nueva etapa, feliz y eterna.

[1] F. Lacueva. Curso de Formación Teológica Evangélica. Tomo II. Un dios en tres personas. 1983 Ed.Clie .pág.53 [2] Luis Berkhof. Teología Sistemática. Tell-Grand Rapids. Michigan USA. Ed.Española. La Antorcha de Méjico. 3ª Ed.revisada 1976 [3] Biblia Hebraica Stuttgartensia. 1990 Deutsche Bibelgesellschaft Stuttgart. Ex 3:14 – Compubiblia, 1980 Sociedades Bíblicas Unidas [4] Samuel Pagán. Palabra Viva. 1995 Ed.Clie. Pág.118 [5] Vila Escuaín. Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado. 1985 Ed.Clie  pág.559 [6] La numeración se refiere al registro en el diccionario Strong’s Lexicon (Hebrew). 1995 Logos Research System. 1999 Ed.Caribe [7] Samuel Pagán. Op.Cit. Pág.118 [8] Pablo Hoff. Op.Cit. Pág.33 [9] Ibid. Pág.33 [10] F.Morera (M.Siloé). El nombre de Dios. www.ewtn.com/spanish/preguntas/nombre_de_Dios.htm

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